Jesús tenía fama de borracho y comilón, lo dice el
Evangelio. No creo que fuese verdad, era una exageración pero sí podemos
afirmar que el estilo de Jesús no era el de Juan el Bautista, esa ascesis tan radical
que no desentonaba con el cumplimiento escrupuloso de los fariseos. A éstos
Jesús más de una vez tuvo que recordar: “misericordia quiero y no sacrificios”.
Precisamente con la escusa de ofrecer sacrificios el ejército de Saúl se quedó
con el botín desobedeciendo al Señor. Mediante una supuesta piedad estaban
buscando sacar partido. ¿No nos pasa a nosotros lo mismo? Como me recordaba una
hermana el otro día: "a veces estamos más pendientes de nuestro deseo de ser
buenos que de amar verdaderamente al Señor". Jesús propone odres nuevos, los de
la fraternidad del grupo de sus seguidores para el vino nuevo de su
espíritu. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.
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