Esta Palabra me toca personalmente pues mi madre es
ciega. Es ciertamente duro vivir con una discapacidad sensorial. Pero hay
cegueras peores, la de los que no quieren ver las acciones del Señor en medio
de nosotros. Soy testigo de la cerrazón ante verdaderos milagros. No hay más
ciego que el que no quiere ver. Ayer no escribí pero si prediqué por la tarde
que a la hora de optar, de priorizar a quien nos dedicamos más en la pastoral,
ha de ser no con los buenos en detrimento de los malos (es una distinción
maniquea absurda) , pero sí podemos dedicarnos a los que son receptivos, a los
que buscan, a los que tienen los ojos abiertos. A los que quieren ver, como
estos ciegos. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.
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