En tiempos de Jesús el pecador, el que se había
salido del redil, no tenía solución. El peso de la ley caía sobre él. Estaban
muy acostumbrados juzgar implacablemente. San Pablo nos advierte: ¿por qué
juzgas a tu hermano? No entendían la dinámica de Jesús de acoger a los
pecadores. Ellos se afanaban en la propia perfección, mientras Jesús se
preocupa de los que andan perdidos, los busca, los llama, les muestra la
Misericordia del Padre. Jesús no daba a nadie por perdido y disfruta
recuperando. Hoy es buen día para preguntarnos si estamos en la dinámica del
evangelio de la Iglesia en salida. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.
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