Este año celebro esta fiesta de todos los santos de
forma muy diferente. En primer lugar porque me he decidido a plantar cara a
Halloween no sólo compartiendo algo en Facebook o poniendo en mi whatsapp una
imagen, sino también ofreciendo una alternativa llena de sentido. En mi
parroquia hoy celebramos la fiesta de todos los santos con disfraces, orando
unidos a los santos, felicitando y regalando. Animo a los padres a explicar a
sus hijos que nosotros somos cristianos y no jugamos con el miedo y con los
muertos. El miedo es algo muy serio y muy triste. Nosotros queremos comunicar
alegría y paz. Jesús está vivo y no podemos dejar de vivir en tono de pascua. Y
con los muertos no jugamos. Nuestros familiares difuntos, a los que seguimos
queriendo, con los que nos relacionamos mediante la oración, por los que rezamos
y a los que pedimos que recen por nosotros.
Vamos a los cementerios a visitar sus tumbas donde reposan sus restos
esperando la resurrección y les mostramos nuestro cariño. Y el día 2 de
noviembre rezaremos por todos, incluso por esos de los que nadie se acuerda,
tantos que mueren sin que nadie los llore.
Y la segunda novedad es mi propia experiencia de la
santidad. En la primera lectura se proclama que la victoria es de nuestro Dios.
¿Qué victoria es esa? La victoria sobre el mal y el pecado. Estoy inmerso en un
proceso que me está haciendo experimentar la felicidad de vivir con hambre de
santidad, de vivir la limpieza de corazón, de sanar perdonando hasta el fondo.
Y no lo estoy haciendo sólo. Como siempre, Dios actúa en medio de una comunidad:
“este es el grupo que busca al Señor”. Intenté batallar yo solo durante años sin
éxito. Y otra cosa importante: Dios se sirve de personas e instrumentos
humanos. Nuestro Dios, que se ha encarnado para que nosotros seamos hijos, sana
y libera a través de otros que también están heridos. El amor de unos por otros,
en lo concreto de cada día con herramientas sencillas es lo que sana. Cuando
todo se va ordenando en la vida experimentas un destello de esa plenitud que
seremos y que aún no se ha manifestado. Sólo un dato o un fruto de todo esto:
la fecundidad apostólica que estoy experimentando. Sabéis que no me gusta
predicar teorías. No me pongo de ejemplo, doy testimonio de que la santidad es
posible, es la experiencia de muchos hermanos nuestros a los que el “mundo no
conoce”. Felices y santos días y
bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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