Precisamente hoy que comienza el Sínodo de la
Familia la Palabra de la Liturgia toca esta temática. Hace una semana vivíamos
en mi Parroquia algo que podría ser común y normal en muchas comunidades
católicas. Un hombre y una mujer casados sólo civilmente contraían matrimonio
canónico con todos nosotros como testigos emocionados. El esposo se casó y tuvo
una hija con otra mujer y ese matrimonio ha sido declarado nulo (y de forma
gratuita). Yo les día que ya eran de los nuestros (son activos colaboradores de
la pastoral) pero que a partir de entonces lo serían más al compartir con
nosotros el pan de la Eucaristía. También les decía que ya eran profetas (como
otras veces proclamaron la Palabra) y a partir de entonces serían profetas del
amor de Dios con sus vida matrimonial sacramental. En la Iglesia hay una vía ordinaria como es la
nulidad matrimonial, para dar una respuesta a tantas situaciones matrimoniales
complicadas, y que, tras la reforma recientemente aprobada, es un proceso más
ágil y asequible.
Anoche leía la noticia este sacerdote miembro de Dicasterio de Roma que en rueda de prensa ha presentado a su pareja
reclamando a la Iglesia que “avance” en la comprensión de la homosexualidad. Me
entristecí mucho al leer esto aunque tengo que reconocer que entre los pastores
no faltan personas muy despistadas (yo también lo estuve durante una época) en
esta cuestión tan importante. El plan de Dios para la familia y el matrimonio
con toda su belleza y verdad es la que es. Las relaciones afectivas entre
personas del mismo sexo no responden a ese plan. Dios no quiere que estemos
solos nos dice la Palabra hoy. Dios quiere nuestra felicidad y no ayudamos a una
persona a ser feliz, a alcanzar la plenitud en su vida no diciéndole la verdad,
diciéndole que esa relación no se diferencia en nada del matrimonio. Hasta
ahora la única respuesta que los pastores daban a personas que sienten la
atracción por el mismo sexo era la del celibato. Empiezan a aparecer servicios
pastorales que acompañan a estas personas y les ofrecen la oportunidad de sanar
las heridas afectivas de las que la AMS es uno de los síntomas. El viernes tuvo
lugar en el Angelicum de Roma una conferencia presentando una de estas
experiencias de acompañamiento pastoral: “Courage”. Oremos mucho en estas semanas por el Sínodo para que en
el Aula Sinodal se pueda escuchar sobre todo al Espíritu Santo. Para leer las lecturas pincha aquí.

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