domingo, 4 de octubre de 2015

SEMANA VIGÉSIMO SÉPTIMA TO CICLO B DOMINGO

Precisamente hoy que comienza el Sínodo de la Familia la Palabra de la Liturgia toca esta temática. Hace una semana vivíamos en mi Parroquia algo que podría ser común y normal en muchas comunidades católicas. Un hombre y una mujer casados sólo civilmente contraían matrimonio canónico con todos nosotros como testigos emocionados. El esposo se casó y tuvo una hija con otra mujer y ese matrimonio ha sido declarado nulo (y de forma gratuita). Yo les día que ya eran de los nuestros (son activos colaboradores de la pastoral) pero que a partir de entonces lo serían más al compartir con nosotros el pan de la Eucaristía. También les decía que ya eran profetas (como otras veces proclamaron la Palabra) y a partir de entonces serían profetas del amor de Dios con sus vida matrimonial sacramental.  En la Iglesia hay una vía ordinaria como es la nulidad matrimonial, para dar una respuesta a tantas situaciones matrimoniales complicadas, y que, tras la reforma recientemente aprobada, es un proceso más ágil y asequible.

Anoche leía la noticia este sacerdote miembro de Dicasterio de Roma que en rueda de prensa ha presentado a su pareja reclamando a la Iglesia que “avance” en la comprensión de la homosexualidad. Me entristecí mucho al leer esto aunque tengo que reconocer que entre los pastores no faltan personas muy despistadas (yo también lo estuve durante una época) en esta cuestión tan importante. El plan de Dios para la familia y el matrimonio con toda su belleza y verdad es la que es. Las relaciones afectivas entre personas del mismo sexo no responden a ese plan. Dios no quiere que estemos solos nos dice la Palabra hoy. Dios quiere nuestra felicidad y no ayudamos a una persona a ser feliz, a alcanzar la plenitud en su vida no diciéndole la verdad, diciéndole que esa relación no se diferencia en nada del matrimonio. Hasta ahora la única respuesta que los pastores daban a personas que sienten la atracción por el mismo sexo era la del celibato. Empiezan a aparecer servicios pastorales que acompañan a estas personas y les ofrecen la oportunidad de sanar las heridas afectivas de las que la AMS es uno de los síntomas. El viernes tuvo lugar en el Angelicum de Roma una conferencia presentando una de estas experiencias de acompañamiento pastoral: “Courage”. Oremos mucho en estas semanas por el Sínodo para que en el Aula Sinodal se pueda escuchar sobre todo al Espíritu Santo. Para leer las lecturas pincha aquí. 



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