El autor de la primera lectura hace una oración a
Dios y como el Rey Salomón cuando empezó a reinar, no le pide a Dios riquezas
sino sabiduría. No se trata de saber
muchas cosas, de tener muchos estudios, de ser u erudito. Se trata de saber una
sola cosa: el sentido de la vida. El sabio es el que “sabe qué hacer con su
vida”. Sabe escoger el camino correcto. Todo el mundo quiere ser feliz, alcanzar en la
vida la plenitud, ese estado en el que uno se siente cómodo en la piel de lo
que vive y exclama: “esto es lo que necesito, para esto existo”. Pero la realidad es que muchas personas que
conocemos no aciertan, no tienen esa sabiduría, van tirando con los pequeños
placeres y alicientes de la vida sin alcanzar esa plenitud. Y otros
directamente están perdidos por caminos que les hacen muy infelices.
La Palabra de Dios es como una espada, penetra en
la carne y el espíritu. Tiene doble filo, corta al que predica y los
destinatarios de la predicación. Hoy nos plantea una pregunta que se clava en
el alma ¿Me falta algo para seguir a Jesús de verdad, del todo? Porque el
núcleo del Evangelio no es la cuestión del dinero sino el seguimiento de Jesús.
Este Jesús que mira con cariño y expone
con claridad que para seguirlo a él hay que dejar lo que estorba. A este hombre honrado y buena persona le
estorbaban sus riquezas, los bienes en los que tenía puesta su confianza. No es mi caso, no ando apegado al dinero, por
eso hoy me planteo qué otras cosas tendría que dejar.
Si piensas que no estorba nada, que no sobra nada
hazte primero esta otra pregunta: ¿cómo ando de alegría? Este hombre se fue
triste. La falta de libertad frente a las cosas, los apegos afectivos, las
adicciones producen mucha tristeza. La libertad de vivir sabiendo que tengo un
tesoro en el cielo produce mucha alegría. ¿Qué decisiones me ponen triste y cuáles
alegres? Para responder a la pregunta principal es interesante observar cómo
distribuimos el tiempo ¿Cuánto tiempo
dedicamos a Dios y los que más nos necesitan? ¿Hay alguna actividad o persona
que me absorbe? La excusa “no tengo tiempo” es muy socorrida y utilizada.
¿Cuándo la usaste la última vez? Dios
nos quiere regalar hoy la libertad de hijos para vivir con alegría en el
seguimiento de Jesús. Pidamos unos por otros para que tengamos la sabiduría
necesaria a la hora de tomar decisiones. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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