domingo, 25 de octubre de 2015

SEMANA TRIGÉSIMA TO CICLO B DOMINGO

Este texto del Evangelio es de esos que podemos escuchar 100 homilías se diferentes. Y además es uno de esos pasajes del Evangelio que han marcado un momento muy especial en mi vida. Fue en Taizé en 2009 cuando en una reflexión bíblica se nos invitaba a hacernos la pregunta de Jesús a Bartimeo: “¿qué quieres que haga por ti?” Estuve todo un día dándole vueltas y vueltas. No encontraba la respuesta, qué era aquello verdaderamente importante para pedirle a Jesús. Como si fuera la única vez que lo iba a ver y podía pedirle algo.

San Pablo dice que no sabemos pedir como nos conviene. San Agustín también nos dice que no sabemos qué pedir. Podemos estar pendientes de necesidades superficiales y no darnos cuenta de la necesidad más importante de nuestra vida. Podemos pensar que estar sin trabajo, con una enfermedad grave, con un problema familiar... son de esas necesidades para exponer a Jesús en un momento crucial de la vida. El dibujo de Fano de este domingo me parece genial (siempre lo es) el ciego está, no solo al borde del camino, sino al borde de un precipicio. La ceguera le puede costar caer despeñado.


La ceguera más grave que podemos padecer es la de no ser capaces de ver lo que nos aparta de Dios, lo que nos tiene al borde del camino y que si no ponemos solución no puede hacer perder la vida, perder la relación con Jesús, que es lo más importante de nuestra vida. Es la ceguera de no darnos cuenta de que nos jugamos la vida con el pecado, que nos va la vida en ello. Por eso, ante la pregunta de Jesús podemos responderle: "Señor que vea mi pecado". Que vea con claridad lo que me aparta de tu camino. Curados de esa ceguera podremos salir de nuestra postración dando un salto, dejar lo que tengamos que dejar (pecado) y seguir a Jesús por el camino. Feliz día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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