Este texto del Evangelio es de esos que podemos
escuchar 100 homilías se diferentes. Y además es uno de esos pasajes del
Evangelio que han marcado un momento muy especial en mi vida. Fue en Taizé en
2009 cuando en una reflexión bíblica se nos invitaba a hacernos la pregunta de Jesús
a Bartimeo: “¿qué quieres que haga por ti?” Estuve todo un día dándole vueltas
y vueltas. No encontraba la respuesta, qué era aquello verdaderamente
importante para pedirle a Jesús. Como si fuera la única vez que lo iba a ver y
podía pedirle algo.
San Pablo dice que no sabemos pedir como nos
conviene. San Agustín también nos dice que no sabemos qué pedir. Podemos estar
pendientes de necesidades superficiales y no darnos cuenta de la necesidad más
importante de nuestra vida. Podemos pensar que estar sin trabajo, con una
enfermedad grave, con un problema familiar... son de esas necesidades para
exponer a Jesús en un momento crucial de la vida. El dibujo de Fano de este
domingo me parece genial (siempre lo es) el ciego está, no solo al borde del camino,
sino al borde de un precipicio. La ceguera le puede costar caer despeñado.
La ceguera más grave que podemos padecer es la de
no ser capaces de ver lo que nos aparta de Dios, lo que nos tiene al borde del
camino y que si no ponemos solución no puede hacer perder la vida, perder la
relación con Jesús, que es lo más importante de nuestra vida. Es la ceguera de
no darnos cuenta de que nos jugamos la vida con el pecado, que nos va la vida
en ello. Por eso, ante la pregunta de Jesús podemos responderle: "Señor
que vea mi pecado". Que vea con claridad lo que me aparta de tu camino.
Curados de esa ceguera podremos salir de nuestra postración dando un salto,
dejar lo que tengamos que dejar (pecado) y seguir a Jesús por el camino. Feliz
día y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.

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