domingo, 20 de septiembre de 2015

SEMANA VIGÉSIMO QUINTA TO CICLO B DOMINGO

Al leer este evangelio e imaginar la escena de poner en medio un niño, recuerdo un post que leí hace unos días. Se titulaba: “Y Jesús puso en medio a Aylan”. Este es el niño que apareció ahogado en la playa. (La Imagen de Fano también lo recoge). No sé vosotros, pero aquellas imágenes me hacían llorar. El sufrimiento de los niños siempre nos toca muy adentro. Los niños nos salvan de la frialdad y la indiferencia ante la tragedia de los refugiados. Como aquel que decía: “please help Siria”.  En un mundo donde se le niega la existencia a más de 100.000 niños al año, donde la natalidad es controlada fríamente (no digo que no se tenga que hacer con responsabilidad) según los intereses laborales, la hipoteca y los planes de ocio, nos remueve las tripas que los niños sean los primeros. Y Jesús es muy claro: acogiéndolos a ellos lo acogemos a ÉL. 

Jesús sigue instruyendo a sus más íntimos.  Trata de hacer que comprendan que su mesianismo no es lo que ellos esperan. Él va a correr la suerte del justo que estorba y es quitado de en medio pero, como dice la primera lectura, palabras que Jesús sabía de memoria y oraba con ellas “tengo quien se ocupe de mí”. Jesús sabe que la cruz no es un camino de fracaso sino de triunfo. Se identifica perfectamente con la AUDACIA del Siervo de Yahvé. El mundo no cambia desde arriba, desde el poder. El Papa que comenzó sus viajes con los inmigrantes de Lampedusa hablará esta semana en la ONU delante de los poderosos. Francisco se siente más a gusto comiendo en un albergue de transeúntes pero aprovechará la ocasión para recordarles quienes son los primeros.

Un una reflexión para cada uno. En la segunda lectura se habla de las riñas y contiendas fruto de las envidias. ¿Te has preguntado alguna vez por qué tienes envidia? Es uno de los siete pecados capitales, es decir una de las tendencias del mal en nosotros. La raíz de la envidia es la falta de autoestima y los complejos de inferioridad. Y del vicio de compararnos.  ¿No te has dado cuenta de que eres único, única y no hay nadie como tú en el universo? No te puedes comparar, no somos piezas de una cadena de montaje una mejor fabricadas que otras. Eres una pieza única y preciosa salida de las manos del artista que sostiene tu vida. La tarea de aceptarnos y querernos (la autoestima) es una tarea continua e imprescindible para vencer la envidia. Pon en tu el espejo del baño o donde lo veas bien: “soy único y precioso”. Feliz domingo y bendiciones. Para ver las lecturas pincha aquí.  

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